lunes, 5 de julio de 2010

Babel


Me asombra la increíble incapacidad de los hombres para ser felices juntos. Para escucharse, comprenderse, amarse. La prensa, la televisión y la radio proporcionan a diario una dosis casi mortal de guerra, violencia, homicidios, estupideces, espectáculos insensatos.
Nos ahogan. Las conferencias, los anuncios, las protestas, las manifestaciones, no parecen hechos capaces de mejorar el mutuo entendimiento. A su modo, cada uno pretende ser un mantenedor de la paz. Nadie, sin embargo, parece dispuesto a "perdonar", a "hacer las paces". Nadie parece decidido a corregirse a sí mismo. Todo el mundo quiere comenzar por los demás. Todo el mundo quiere juzgar, acusar, encontrar responsables. Estamos en babel. Estamos poseídos del espíritu de babel, espíritu de confusión, de demolición, de turbación. ¿Por qué no probamos, aunque sólo sea una vez, a hacer nosotros un poco de silencio para buscar el amor, la alegría, la paz, la paciencia, la amabilidad, la bondad, la fidelidad, la dulzura y la sencillez?.

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