Si eres capaz de saborear el placer
que proporciona una flor,
una sonrisa, un juego de niños,
eres más rico y más feliz que el más ricachón:
él tiene todo lo que puede se puede desear
y todavía permanece insatisfecho,
incapaz de saborear las cosas,
porque está aprisionado en sus riquezas.
Recuerda: no es cuanto posees
lo que forma tu riqueza,
sino cuanto saboreas.
No dosifiques tu amor como un farmacéutico.
No calcules antes cuánto dar,
has dónde debe llegar tu amor.
No cortes al amor su espontaneidad.
El amor pesado y medido no es amor.
Es cálculo. No da aegría.
Este tipo de amor no te hace feliz.
Vives en la indiferencia:
todos los días se convierten
en un largo y aburrido viaje en tren.
No sientes nunca el calor en tu intimidad;
nunca tienes ganas de cantar y bailar.
El amor espontáneo es otra cosa.
El amor espontáneo hacia tu marido,
tu mujer, tus hijos,
tus amigos, tu familia,
hacia un niño abandonado
hacia alguien que sufre
o hacia alguien marginado.
El amor espontáneo es un don
que te conduce hasta el más alto nivel
de la satisfacción humana.

No hay comentarios:
Publicar un comentario